Las bacterias evolucionan y pueden volverse más poderosas antes los fármacos. Y esto es lo que ha ocurrido con la bacteria del acné, que ahora ofrece más resistencia a los antibióticos que se suelen usar para combatirla.

La eritromicina, la clindamicina y las tetraciclinas son los medicamentos más utilizados por los dermatólogos para tratar el acné, pero ahora resultan insuficientes ante los nuevos casos de este “súper acné”.

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