Durante una hora y algo más la Plaza de Toros de Madrid fue una galaxia futurista, ambientada con los destellos de la música electrónica, donde la princesa islandesa del tecno bailó, a pasos infantiles, las nuevas baladas cibernéticas de Volta, su último disco.

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Dueña de una voz destellante y una carita de niña, Björk hizo de las suyas una vez más ante el público español, demostrando que el sonido electrónico es mucho más que una combinación de bits.

Su voz armonizó con los instrumentos tecnológicos, pero este concierto mostró una característica musical introducida por la islandesa: arreglos tribales en algunos de los temas, que han sido la delicia de euforia para los espectadores.

Otra de las novedades evidenciadas en Volta es el abandono del ritmo lúgubre de su disco anterior: en este trabajo se evidencia el calor, la interculturalidad y una vuelta a la imagen más colorida como la del mítico disco Homogenic.

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Sin duda Björk tiene un exquisito gusto para elegir a sus compañeros musicales: Volta es el resumen del trabajo con Timbaland, productor estrella en Estados Unidos, y Toumani Diabaté aporta el sabor a World Music, y Antony, su escalofriante voz. Además es un disco político social, nacido luego de su paso por Indonesia en el año 2005, después del maremoto y sus tragedias.

Esta islandesa 40 y tantos de años, nacida en Reykiavik, la capital más septentrional del mundo, llegó al mundo de la música por caminos bastante sinuosos, como su primera banda Sugarcubes, donde era la vocalista de los punks; para luego llegar a la madurez de su estilo musical que combinó a lo largo de varios discos pop, rock alternativo, trip-hop, jazz, electrónica, folk y música clásica.

Espero pronto poder hacerme con este disco, que según el público español vale cada acorde destellante como ya lo anuncia el corte, “Declare independence”.

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