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Es una terapia que consiste en la aplicación de ozono al organismo humano. Se realiza con técnicas especiales y con fines terapéuticos. Se empezó a emplear durante la Primera Guerra Mundial, para desinfectar las heridas. En los últimos 20 años se han descubierto otras importantes propiedades terapéuticas y otras aplicaciones. El descubrimiento de las propiedades bactericidas y cicatrizantes que tiene el ozono permitió a los investigadores profundizar en el conocimiento de los efectos beneficiosos que produce. Además se pensó en el uso del mismo como terapia curativa en los distintos campos de la Medicina. Los beneficios de la ozonoterapia en el organismo humano son varios, por ejemplo, es oxigenante; es decir, aumenta la capacidad de la sangre para absorber y transportar mayor cantidad de oxígeno a todo el organismo, mejorando la circulación y las funciones celulares en general. Además es revitalizante, antioxidante (eliminador de radicales libres) e inmunomodulador (es capaz de estimular las defensas inmunológicas, tanto celulares, como humorales, en pacientes con inmunodepresión, o de modular las reacciones inmunológicas exacerbadas, que producen las llamadas enfermedades autoinmunes). Es una terapia regenerativa, por lo cual resulta de gran utilidad en la cicatrización de lesiones de difícil curación, en ulceraciones de diverso tipo, en los tejidos articulares, en medicina estética, etc. También es antiálgica (se opone al dolor), antiinflamatoria y germicida (inactiva o elimina todo tipo de microorganismos patógenos, como bacterias, hongos y virus). En resumen, la ozonoterapia logra una importante mejoría general de muchos procesos fisiológicos del organismo. Por consecuencia mejora la calidad de vida y capacidad de trabajo. De igual forma compensa y retarda el deterioro que se va produciendo en el organismo con el envejecimiento. Y algo muy importante, sus efectos duran en el tiempo. Es así que la misma se aplica, con sumo éxito, para muchas enfermedades, como: insuficiencia circulatoria, pie diabético, úlceras de miembros inferiores, micro varices, cardiología, conflictos disco-radiculares, hernias discales, síndrome de cansancio crónico, fibromialgia, impotencia sexual por factores vasculares. También: Artritis reumatoidea y artrosis de causas diversas. Enfermedades vasculares periféricas -tanto arteriales como venosas-, enfermedades cerebrovasculares isquémicas (accidentes vasculares encefálicos, como trombosis, embolia cerebral, etc.); demencia senil y alzheimer, neuroangiopatía diabética, migraña, enfermedades virales, entre muchas otras. Pero hay que saber que en los casos de estar embarazada o padecer neoplasia (habiendo sido tratado recientemente con radioterapia o quimioterapia) no se recomienda esta terapia. |
Publicado por Daniela Ceccato en Salud y nutrición el 23 Febrero, 2007

