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Anaïs Nin fue una de las escritoras más marginadas por el canon literario internacional. Si parte de su obra pudo ver la luz en la década del ´60, quizás haya sido más por un guiño de amistad con el feminismo, que por el reconocimiento de la prosa vital que atraviesa a su narrativa. Dotada de un talento casi pictórico para la narración y el retrato escrito, la obra de Nin fue caratulada como un ejemplo más de la mal llamada literatura rosa o femenina. Lo cierto es su palabra atraviesa y explora en forma de letra viva, las reflexiones más Ãntimas y los secretos experenciales que hacen la vida de toda mujer. Nacida en Francia a principios de 1900, Anaïs fue la hija de una franco -danesa y un cubano, de quienes heredó ese aire exótico y atrapante en su mirada. De niña recibió una educación formal en colegios católicos de New York, donde emigró con su madre a los 11 años. A los 16 decidió dejar su vida ordinaria, como ella la llamaba, y se dedicó a trabajar como modelo y estudiar baile. En 1923 volverÃa a la Europa que la vio nacer, en busca de su destino. Mientras tanto, Anaïs seguirÃa escribiendo incansablemente en su diario Ãntimo, que luego se convertirá en el meollo fundamental de su obra literaria. Europa le deparará el casamiento con Hugh Guiler, quien aparecerá con el seudónimo de Ian Hugo en las ilustraciones de algunas de sus novelas. Durante estos tumultuosos años de idas y venidas a través del océano Atlántico, Nin conocerá a muchas personalidades del arte. Entre los más célebres se encuentra su romance con Henry Miller y su esposa June, que bien fue representado por Philip Kaufman en su pelÃcula de 1990. Apodada como la protectora de los artistas, Nin durante mucho tiempo patrocinó a jóvenes escritores, incluso a Miller, y también fue la propietaria de Ediciones Siana, el sello editorial propio que publicarÃa parte de su obra. Atravesada por las contradicciones de su tiempo y los tabú imperantes, Nin plasmó en clave de relato en sus diarios aquellas cavilaciones que consternaban su alma. Su vida se vio atravesada por un oscuro deseo de libertad y pasión, junto a su papel de mujer educada y devota esposa. En 1960 salta del anonimato con al boom literario de sus diarios, en los que se cuentan parte de la relación incestuosa con su padre y los innegables deslices amorosos y sexuales que mantuvo a lo largo de su vida. Antes de que sus diarios sean editados, Anaïs dejó instrucciones precisas a Rupert Pole (su último esposo y albacea literario), de no publicarlos en su totalidad sino hasta la muerte de Hugh Guiler, ante lo sórdido de las historias descriptas. Murió en 1977 y entre las frases que más la marcan, podemos recordar: “Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria, a establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré al mundo. Me adapto a mà misma.” Envía a Facebook / Envía a Twitter |
Publicado por fada en Ocio y cultura el 22 Febrero, 2007

