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¿Qué mujer no ha querido alguna vez bajar, en el mínimo tiempo posible, esos kilos demás que sobresalen al ponerse el jean ajustado? Para ello nada mejor que las innumerables dietas expréss, que vienen al socorro del horror del sobrepeso y que prometen milagros que a largo plazo pueden desembocar en peligrosos trastornos nutricionales.
En un artículo publicado en www.dietas.com, algunos de los nutricionistas argentinos más importantes pasan revista de los riesgos de las dietas express cuando se vuelven una constante en la búsqueda del peso ideal. Muchos de estos especialistas están de acuerdo en sostener que los trastornos alimenticios de gran parte de la población, en especial las mujeres, se deben al modelo estético imperante en nuestra sociedad: en cada canal de televisión, en cada publicidad, vemos a mujeres extremadamente flacas, exhibiendo todo el esqueleto óseo, envueltas en costosísimas prendas de moda.
Y ante este panorama, quien está detrás de la pantalla no quiere ser menos y se vuelve una experta en materia de calorías y reacciones químicas de la combinación de alimentos.
Silvio Schraier, de la Sociedad Argentina de Nutrición, dice que, “con las dietas expréss se pierde peso, pero de músculo, que es donde están las reservas de proteínas del cuerpo. Recién después de una semana y con una dieta armónica empieza a bajar la grasa”. Por lo cual, podemos darnos de la mentira que se oculta detrás de las famosas dietas que prometen “bajar cinco kilogramos en una semana”.
Además, la cuestión no termina allí, ya que “una dieta que no contenga un poco de todo lo que figura en la pirámide nutricional —cereales, vegetales, frutas, carne, pollo, pescado, lácteos y aceites vegetales—, con el tiempo va destruyendo el cuerpo, como si fuera una pared que va perdiendo ladrillos“, sostiene Scharier.
Entre las dietas más perjudiciales para el régimen alimenticio de una persona, los nutricionistas dicen que están:
La dieta de la sopa
Esta fue una dieta que estaba muy de moda entre las argentinas hace dos años atrás y prometía bajar seis kilos en una semana. Esto se lograba consumiendo sólo 700 calorías diarias.
La dieta consistía en tomar una sopa a base de vegetales, que no contengan grasas. Los ingredientes de la sopa eran: seis cebollas grandes, dos ajíes verdes, dos latas
de tomate, un apio, un repollo, sal y pimienta. Había que licuar todos los ingredientes y la sopa se tomaba todos los días, en la cantidad que uno desease.
El primer día de la dieta, uno tomaba la sopa y podía comer frutas; el segundo día podía debía agregarle vegetales verdes; el tercer día combinaba verduras y frutas; el cuarto banana y leche; el quinto carne y tomate; el sexto carne y verdura; y el séptimo arroz integral, jugos de frutas y verdura.
La crítica que le hacen los nutricionistas a la dieta de la sopa radica en que nunca la persona consume hidratos de carbono, por lo cual pierde los nutrientes que aportan los mismos. Además, uno baja de peso porque pierde agua, no porque quema grasas como era promocionada la dieta, por eso después se recuperaba con facilidad los kilos perdidos.
La dieta del tomate
Ésta prometía bajar dos kilos en tres días, además de desintoxicar el cuerpo de sustancias como el café, la nicotina y evitar la celulitis. Su problema radicaba en el bajo nivel nutricional, ya que se consumían sólo 200 calorías diarias.
Era una dieta monotemática porque buscaba hastiar el apetito a fuerza de repetir en las comidas el mismo alimento, en este caso tomate.
Su plan consistía en la ingestión de un vaso de jugo de tomates frescos en la merienda y antes de costarse. También durante las demás comidas diarias se consumían tomates hervidos, ensaladas de tomate o licuados de tomates, acompañados de morrones, brotes de soja, limón y aceite de oliva como únicos adicionales.
Lo riesgoso de la dieta es que podía provocar problemas gástricos importantes y su función era puramente diurética, es decir, que sólo se pierde agua y no grasa como en el caso anterior.
Según los especialistas, el mayor problema de las dietas express está en su poder adictivo: la persona pierde fácilmente algunos kilogramos en un tiempo breve, luego los vuelve a recuperar, y así comienza todo el círculo una vez más. O lo que es peor: puede ser el primer escalón hacia la anorexia o la bulimia si es que continuamente se busca estos métodos para bajar de peso, en vez de cambiar por hábitos alimenticios más saludables para el cuerpo.
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