Dismorfofobia y vigorexia: cuando el espejo no devuelve la imagen perfecta a mujeres y hombres

La carrera absurda por el cuerpo perfecto ya tiene sus páginas en los manuales de medicina, encabezando la lista con la anorexia y la bulimia. Hoy nuestra percepción de la vida se mide con el reflejo que nos devuelve el espejo y ya no es necesario dejar de comer o vomitar compulsivamente para obtener ese cuerpo escultural que vemos en las revistas.

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La dismorfofobia y la vigorexia son las manifestaciones más comunes de la inconformidad con el cuerpo de uno: todo se reduce en retocarse la nariz, agrandar o achicar los pechos, lipoaspirarse o matarse horas en el gimnasio, en pos de un ideal de belleza (muchas veces irreal).

La dismorfofobia es básicamente una alteración en la percepción de las formas de nuestro cuerpo, es decir, que generalmente una se ve más gorda y voluminosa de lo que realmente es. Esta patología es de tipo mental, ya que la persona que la padece está constantemente preocupada por su figura, hecho que la lleva al cirujano a consultar sobre diversos retoques posibles.

Esta enfermedad no es para nueva (su primera descripción data del siglo XIX), pero se ha acentuado ante los cánones de belleza imperante. Adolescentes, cada vez más jóvenes, consultan al plástico para lipoaspirarse, ponerse senos, tocarse la nariz, las orejas o lo pómulos.

Los expertos aseguran que es la antesala a un grave caso de anorexia o bulimia y establecen que es una patología multicausal: las personas más propensas a padecerla tienen un historial familiar de anorexia; o han sido abusadas física, sexual o mentalmente; o tienen baja autoestima.

Algunos de los síntomas para estar alerta:

  • Busca constantemente el reaseguro de sus allegados, por ejemplo: estoy bien?, me queda bien?, no soy gorda?
  • Comienza a relegar su vida social por no estar conforme con su aspecto.
  • Se vuelve introvertida, callada y está obsesionada con su figura, hasta el punto que se ve más gorda de lo que es en el espejo.

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Los hombres tampoco están a salvo, ya que cada vez más se detectan casos de vigorexia: una obsesión por el cuerpo que los lleva a pasar horas y horas en el gimnasio, intentando aumentar su musculatura.

El ideal de la vigorexia es el cuerpo de un Adonis hipermusculosos y voluminoso, que al no lograrlo hace caer en una adicción a las pesas y los suplementos dietarios. Este excesivo esfuerzo físico ocasiona deformaciones óseas, problemas articulares y alteraciones metabólicas por el consumo de anabólicos y demás complementos.

Algunos de sus síntomas característicos son:

  • Autoimagen distorsionada, se sienten poco atractivos para el sexo opuesto.
  • Baja autoestima, reclusión social y frustración por no lograr el cuerpo deseado.
  • Tendencia a la automedicación.
  • Largas jornadas en el gimnasio.


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Publicado por fada en Salud y nutrición el 17 Julio, 2007

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