Una cotidiana ducha con sus vapores calientes es mucho más que un simple ritual de belleza, es una terapia que nos ayuda a liberar energías negativas, liberarnos de la ansiedad y el estrés, activar nuestras endorfinas y por supuesto, dejarnos una piel espectacular libre de toxinas y suave como la piel de un bebé.

Los beneficios del vapor son múltiples, tanto para la belleza como para la salud y muy conocido por nuestros antepasados. Los griegos y romanos usaban estos baños o termas (caldarium) y difundieron su práctica hasta que los árabes la adoptaron como propia, recibiendo el nombre de hamman. Ya que consideraban que el calor ayudaba a la fertilidad y curaba ciertas dolencias y enfermedades.

Más tarde llegó la balneoterapia, usada gracias a la acción medicinal de las aguas de mar y con ella, la hidroterapia con sus oasis urbanos llamados SPA (Salus Per Aquam), que son unas técnicas combinadas de agua y calor.

Un baño de vapor a la semana ayuda a combatir resfriados y alteraciones típicas del invierno, ya que estimula las defensas. También es beneficiosos para el sistema respiratorio y circulatorio, facilitando la inhalación y la activando de la circulación, ya que hace que el corazón bombee más rápido y aumente el aporte de oxígeno. Al aumentar la temperatura, hace que se active la sudoración, facilitando así la eliminación de toxinas en el cuerpo. No olvidemos la piel, es perfecto para mejorar ciertas afecciones cutáneas como el acné porque limpia y oxigena.

El hamman se caracteriza por tener una temperatura que ronda los 30-40º y una humedad elevada, entre 80-90%. Podemos disfrutar de centros que combinan el hamman con una exfoliación profunda que nos garantice la completa eliminación de células muertas y obtener una piel radiante y sedosa.

Algunos de los centros más demandados son el Pañpuri Organic Spa de Madrid o el Hamman Rituels D’Orient de Barcelona.

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