movimiento-slow-1.jpgEn principio, es una corriente que promueve desacelerar el ritmo de la vida moderna, que a todos nos tiene como locos. Esta tendencia, que en todo el mundo tiene cada vez más adeptos, surgió hace veinte años en la gastronomía, de la mano del italiano Carlo Petrini.

Se dio en 1986, en Roma, para oponerse a la instalación de un Mc’Donalds. Y así en contraposición del fast food nació el movimiento mundial slow food: “una forma de recuperar el derecho al placer por la buena comida”.

Esta tendencia ya se ha expandido a otros campos, como a la urbanización, al sexo, al trabajo. Es así que se habla del slow sex, de ciudades slow y del slow laboral. Y fue luego de la publicación del libro “Elogio de la lentitud”, de Carl Honoré (RBA, 2005), que el fenómeno tomó un nuevo impulso.

Esta obra revisa la historia de la cultura de la velocidad, impuesta desde la Revolución industrial a nuestros días, y plantea las crueles consecuencias sobre el cuerpo y la mente.movimiento-slow-3.jpg Por ende, lo slow se ha convertido para algunos en una manera de vida alternativa que abarca, además de lo ya citado, la educación y la familia.

Dentro de los adeptos a este tipo de vida, hay algunos que simplemente buscan reducir la velocidad del ritmo cotidiano; otros buscan una conexión con el entorno natural, otros están más interesados en tener familias lentas y los hay quienes buscan el máximo placer en el sexo slow.

movimiento-slow-2.jpgEsta última posibilidad es, simplemente, tomarse el tiempo de explorar el cuerpo de la pareja como si fuera la primera vez. Por ejemplo, en la Polinesia existe una tradición “sexo en cámara lenta”, en la cual los amantes pasan horas acariciándose y explorando ambos cuerpos.

En cuanto a las llamadas “ciudades lentas”, existen muchas en el mundo que se definen de esta manera. Este urbanismo propone que el centro sea peatonal, que los negocios cierren jueves y domingos. Por ejemplo, en la Argentina está el balneario bonaerense Mar de las Pampas, la primera ciudad slow del continente americano, que se suma a otras 80 localidades de Europa, Asia y Oceanía.

En definitiva, el objetivo de todo esto es: “provocar una transformación que promueva un cambio social, económico y ambiental que permita mejorar la calidad de vida”.

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