Querer y no poder es una de las cosas más feas que pueden pasar en la vida de una persona. Desear un hijo con todas las ansias y no poder tenerlo provoca estrés y trastornos psicológicos a consecuencia del trauma emocional que genera el diagnóstico de infertilidad.
La infertilidad siempre genera sufrimiento, ya que nadie está preparado para esta experiencia traumática. De hecho, el 90% de las personas que pasan por esta situación sufre estrés y las mujeres afectadas presentan mayores niveles de ansiedad y sentimientos depresivos que la población femenina general.
Es por esta razón que resulta primordial el apoyo emocional ya que puede, entre otras cuestiones, mejorar los resultados de salud. En la actualidad, una de las quejas más frecuentes de las parejas estériles que buscan solución en las clínicas de reproducción asistida, es que no tienen una contención emocional.
Comentan los psicólogos que para algunas parejas el tratamiento se convierte en una obsesión, incluso algunos (sobre todo mujeres) dejan de trabajar. Sin embargo, sólo unos pocos afectados reciben ayuda para paliar los trastornos anímicos.

La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología denunció a través de un documento, el peligro de que se descuide la atención a los pacientes por el impacto emocional de la infertilidad y que se reduzca a una cuestión sólo médica o biológica.
La realidad es que sólo una pequeña parte de los pacientes visita a un especialista en salud mental, ya sea por iniciativa propia o gracias al consejo del personal de la clínica. Según varios especialistas, abordar este aspecto permitiría ganar en eficacia y bienestar y, posiblemente, ahorraría costos, ya que evitaría abandonos de tratamientos, terapias mal llevadas y resultados deficientes.
Además de dolor psíquico, la infertilidad desestabiliza el equilibrio emocional y de pareja. La autoestima se resiente y surgen sentimientos de culpabilidad y desesperanza. La situación puede agravarse cuando se inicia la reproducción asistida, que conlleva un largo y arduo camino.
Por lo que empezar esta nueva situación hará que la pareja se deba enfrentar a momentos aún más estresantes: visitas continuas, pruebas diagnósticas, abundante medicación -en ocasiones, dolorosa-, etc. Todo esto más el gasto económico, ya que un ciclo de terapia puede oscilar, dependiendo de la técnica, entre 1.800 y 6.000 euros, requiriéndose habitualmente más de uno para conseguir un embarazo.
A consecuencia, la buena práctica en las clínicas de infertilidad va más allá de la atención médica; éstas se deben preparar para tratar los aspectos psicosociales que afrontarán las parejas. Se cree que un enfoque más psicológico de la atención al paciente puede mejorar los resultados de salud, incrementar la satisfacción del paciente y la del equipo, reducir las reacciones psicosociales negativas y ayudar a los pacientes a aceptar sus experiencias.
Publicado por
Daniela Ceccato