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Laura Restrepo, escritora colombiana ganadora del Premio Alfaguara en el año 2004, de quien ya hemos disfrutado obras como Dulce Compañía (1995), o La multitud errante, magnífica novela corta basada en el drama de desarraigo forzado de un colectivo de refugiados, nos invita a hacer esta vez un recorrido por Tora, la ciudad, y La Catunga, el barrio donde habitan en una especie de postal decadente, mórbida, pero de una hermosura casi demencial, Sayonara y una corte de meretrices, pintores, poetas, bailarinas y petrolerosd el Campo 26, en un tiempo que bien podría ser hoy, como hace 100 años. ¿Y por qué? Porque el miedo, la desconfianza y la desazón de la búsqueda del verdadero color del amor, siguen y seguirán siendo siempre los mismos. Los temores sociales y morales que encarnan para esta sociedad, la imagen de estas mujeres es dramatizada por Laura Restrepo de manera real y sin tapujos, desde la voz de una mujer-escritora que ve a una niña convertirse en una princesa japonesa, reina del barrio de las meretrices, a la niña a quien Jesucristo crucificado al pie de su cama “le mete miedo”, y describe la pasión de una mujer que, por más que quiso y quiso, jamás fue perdonada por los mismos que la amaron hasta la locura, por el estigma de ser demasiado dueña de su cuerpo y de su alma. En La novia oscura se pinta la historia de una voluptuosa prostituta que atiende a los empleados de los pozos petroleros de la selva colombiana. Sayonara se desprende de su piel de niña singracia para convertirse en la mujer más deseada y más intocable de toda La Catunga. Sayonara es y será una muchacha de amor frágil y de entusiasmos momentáneos, a quien le durará una eternidad la mala inclinación de andar a solas con ella misma. En la piel y en la voz de esta mujer a quien todos desean y todos temen, porque resume en su cuerpo, en su piel y en su alma, la levedad de la posesión de un alma que jamás tendrá dueño ni señor, podemos desprendernos de la gran interrogante que en algún momento hizo Juana Inés de la Cruz y que jamás fue respondida: “(…)acusáis sin razón, sin ver que soy la ocasión de lo mismo que culpáis”. Envía a Facebook / Envía a Twitter |
Publicado por fada en Ocio y cultura el 12 Febrero, 2007
Hay ciudades tan reales e irreales a la vez, en las que podemos encontramos con nuestros fantasmas más oscuros, con nuestros demonios más silenciados, y con nuestros miedos más originales. Es ese el reencuentro, el diálogo profundo con todos los temores primigenios del universo, el que recrea 
