La novia oscura, de Laura Restrepo

9780060514310.jpgHay ciudades tan reales e irreales a la vez, en las que podemos encontramos con nuestros fantasmas más oscuros, con nuestros demonios más silenciados, y con nuestros miedos más originales. Es ese el reencuentro, el diálogo profundo con todos los temores primigenios del universo, el que recrea Laura Restrepo en su libro La novia oscura, publicado en el año 1999.

Laura Restrepo, escritora colombiana ganadora del Premio Alfaguara en el año 2004, de quien ya hemos disfrutado obras como Dulce Compañía (1995), o La multitud errante, magnífica novela corta basada en el drama de desarraigo forzado de un colectivo de refugiados, nos invita a hacer esta vez un recorrido por Tora, la ciudad, y La Catunga, el barrio donde habitan en una especie de postal decadente, mórbida, pero de una hermosura casi demencial, Sayonara y una corte de meretrices, pintores, poetas, bailarinas y petrolerosd el Campo 26, en un tiempo que bien podría ser hoy, como hace 100 años.

¿Y por qué? Porque el miedo, la desconfianza y la desazón de la búsqueda del verdadero color del amor, siguen y seguirán siendo siempre los mismos.

Los temores sociales y morales que encarnan para esta sociedad, la imagen de estas mujeres es dramatizada por Laura Restrepo de manera real y sin tapujos, desde la voz de una mujer-escritora que ve a una niña convertirse en una princesa japonesa, reina del barrio de las meretrices, a la niña a quien Jesucristo crucificado al pie de su cama “le mete miedo”, y describe la pasión de una mujer que, por más que quiso y quiso, jamás fue perdonada por los mismos que la amaron hasta la locura, por el estigma de ser demasiado dueña de su cuerpo y de su alma.

En La novia oscura se pinta la historia de una voluptuosa prostituta que atiende a los empleados de los pozos petroleros de la selva colombiana. Sayonara se desprende de su piel de niña singracia para convertirse en la mujer más deseada y más intocable de toda La Catunga. Sayonara es y será una muchacha de amor frágil y de entusiasmos momentáneos, a quien le durará una eternidad la mala inclinación de andar a solas con ella misma.

En la piel y en la voz de esta mujer a quien todos desean y todos temen, porque resume en su cuerpo, en su piel y en su alma, la levedad de la posesión de un alma que jamás tendrá dueño ni señor, podemos desprendernos de la gran interrogante que en algún momento hizo Juana Inés de la Cruz y que jamás fue respondida: “(…)acusáis sin razón, sin ver que soy la ocasión de lo mismo que culpáis”.

Publicado por fada en Ocio y cultura el 12 Febrero, 2007

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