Estas son algunas reflexiones acerca de la nueva literatura escrita por mujeres y su relación con el canon literario imperante. Una muestra más de algunas de las marginaciones que atraviesan al cuerpo de la mujer y parte del conjunto teórico que se maneja a la hora de calificar la literatura escrita por mujeres, ya no la denominación sexista de la literatura rosa o femenina.
Gran parte de estas reflexiones surgieron a partir del taller Jornadas de Literatura Escrita por Mujeres que dictaron un grupo de investigadoras literarias de la Universidad de Estocolmo en la Universidad Nacional de Asunción, Paraguay.
Detrás de toda literatura hay una compleja red de condicionamientos que subyacen en la construcción de nuestros universos simbólicos: un esfuerzo por repensar, reconstruir, revalorizar un lenguaje que nos nombre de una forma más libre, tanto a hombres como mujeres.
Al momento de preguntarse si la literatura tiene sexo, la investigadora Eva Löfquist enuncia que “existen ciertos puntos de partida que nos ayudan a pensar en una jerarquía en la cual la mujer está por debajo del hombre masculino. Ya que, la niña desde muy chica está obligada a manejar el lenguaje del padre, entendiendo al padre desde una dimensión simbólica, que nombra todo lo existe en la esfera pública: las leyes, el orden, el comportamiento, los roles, las funciones de cada sexo en la sociedad. Así es, como la niña se ve obligada a socializarse en la horda del lenguaje masculino, el lenguaje del padre, porque no existe otra alternativa. Como seres humanos, todos tenemos que asumir ese lenguaje, que a su vez expresa el lenguaje de la diferencia, en donde existe una separación significativamente peyorativa entre lo masculino y lo femenino”.
A la ayuda de la comprensión de este lenguaje de la diferencia, tenemos el enigma del sistema binario, donde “parece que la mente humana está obsesionada por establecer sistemas, jerarquías y oposiciones. Todo el pensamiento occidental está basado en el concepto de la dualidad y las oposiciones binarias, así es como podemos clasificarnos en polos opuestos, donde la jerarquía establece lo bueno/lo malo, la actividad/la pasividad, la cultura/la naturaleza”, según palabras de otra de las investigadoras de Estocolmo, Emma Magnunson.
Al tener en cuenta la división sexo/género desde el marco del sistema binario, se puede ver que existe una oposición clara entre el hombre masculino y la mujer. Al hombre le corresponde el universo de la razón, la fortaleza, el pensamiento, la acción, lo estable, mientras que la mujer es verbalizada desde la sensibilidad, la naturaleza, la impulsividad, el cuerpo. Esto revela una práctica de dominación de un sexo sobre el otro, una jerarquía establecida donde lo femenino es marginado e inferior a lo masculino.
La historia literaria, como género historiográfico, se construye a partir de narrativas, cuyas líneas de fuerza focalizan taxonomías como períodos, corrientes, generaciones literarias y autores consagrados por el canon literario. Este canon es construido sobre la base del sistema binario de oposición y jerarquías para el establecimiento de qué es considerada literatura de valor. Entonces, las obras que entran en la historia de la literatura caen bajo la lente de una política de la diferencia, similar al lenguaje de la diferencia, donde autores masculinos son valorados por su producción literaria, en cuanto ésta expresa una experiencia más universal.
Mientras que la literatura femenina es catalogada como una producción que sólo expresa una experiencia individual, propia del mundo femenino. Es así como vuelven a reproducirse los modelos de razón-masculinidad / naturaleza-femeneidad. Además, para su inclusión en la historia, la literatura escrita por mujeres sufre ciertas operaciones retóricas que la confinan a la marginalidad.
A saber, la operación más común es: las autoras femeninas son tratadas en
capítulos aparte y aislados, otorgando a la literatura escrita por hombres la construcción exclusiva de corrientes literarias o transformaciones estilísticas en la labor creadora. Esto refuerza cierta percepción en los lectores: las innovaciones, las transformaciones en el mundo del arte y la creación, son de autoría exclusiva de un puñado de hombres.
El gran desafío que hoy asume la literatura escrita por mujeres es la trasgresión, la inversión de los estereotipos naturalizados de hombre - mujer.
Hay una resemantización de ambos polos del sistema binario para la construcción de un lenguaje más libre, que se aproxime a dar cuenta de las huellas de la experiencia de mujeres y hombres en la realidad. Y aquí cobran valor autoras como Gioconda Belli con La mujer habitada, Laura Restrepo con Delirio y Marcela Serrano con Lo que está en mi corazón, por nombrar algunas.
Publicado por fada en Ocio y cultura el 8 Marzo, 2007


Literatura escrita por mujeres
Algunas reflexiones sobre la literatura escrita por mujeres y su relación con el canon literario.